La mayoría de las fisuras anales sanan por sí mismas y no requieren tratamiento, pero es aconsejable evitar las heces duras y el estreñimiento haciendo cambios en la dieta: es recomendable comer más fibra, como frutas, verduras y granos; tomar más líquidos, usar ablandadores de heces (esto hará que la fisura anal no empeore) o incluso aplicar algunas pomadas para aliviar el dolor de la piel afectada.

 

 

 

 

Si bien es cierto que la preocupación por el dolor durante la defecación puede llevar a la persona a evitarla, el hecho de no tener deposiciones solo hará que las heces se vuelvan aún más duras, lo cual puede empeorar la fisura anal. En estos casos suelen recomendarse baños de asiento para el tratamiento de las fisuras anales: un baño de agua caliente utilizado para la curación o la limpieza, de 2 a 3 veces al día.

 

 

Si la persona con las fisuras anales es un bebé, asegúrese de cambiar los pañales con frecuencia y limpiar el área suavemente, pues su piel es mucho más sensible que la de los adultos.