Tenemos por costumbre que tanto en la cena del día 24 (Nochebuena) como en la comida del día 25 (Navidad) debemos comer tanto como podamos, y eso, no debería ser exactamente así.

 

 

Es cierto que se ponen sobre la mesa exquisitos manjares, pero llega un momento de la cena en el que sabemos que estamos satisfechos, pero continuamos comiendo. Y como no, en ese momento viene el empacho. Sentirnos con dolor de estómago es sólo el primer síntoma, pues a continuación podemos llegar hasta a vomitar, y empeoran nuestras hemorroides o fisuras anales.

 

 

Y es que comer demasiado (o demasiado y además rápido) aumenta las probabilidades de engordar en ese momento. Después nos compadeceremos de nosotros/as mismo/as pidiendo bajar de peso el año que viene y apuntándonos a gimnasios en enero. Pero hay que tener claro que, para no tener que adelgazar, deberíamos evitar las comilonas navideñas a toda costa, aunque como dicen por ahí “una vez al año no hace daño”.